lunes, 25 de junio de 2018

Péndulo


"Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti." (F. Nietszche)

Te he despojado de cada una de tus capas, como quien desenvuelve un regalo precioso de su envoltorio.
Te he desnudado de todas las formas posibles, y lo que encontré me deja inmovilizada.
La fragilidad más pura. El sentimiento descarnado. Lo profundo de tu alma develada en pequeños instantes.
¿Cómo junto de nuevo cada una de tus corazas? ¿Cómo vuelvo a unirte?
Siento que he roto el frágil e inocente jarrón, y sigo intentando (ingenuamente, culpablemente) reconstruirlo uniendo sus piezas.
Quisiera ayudarte a que te cuides de mí, pero muy en el fondo sé que es demasiado tarde.
Me asomé a mirar tu abismo y lo que vi ahí me paralizó, me dejó como en un péndulo que se mece sobre su eje, demasiado inconsciente, demasiado atrapado.
Pero un péndulo no elige. Yo sí.


jueves, 16 de noviembre de 2017

Besos

Besos desordenados,
apasionados.
Mariposas que vuelan
alrededor  de tu enredado pelo.
Caricias salvajes,
animales buscando su alimento.
Mordiendo, arañando,
rugiendo.
Delirio y locura.
Luces que pasan
por la ventanilla.
Miradas furtivas,
culpables y cómplices.
Tigres que se relamen,
borrachos,
después de haber saboreado
carne fresca.

miércoles, 18 de octubre de 2017

"El león mata mirando" (Subcomandante Marcos)

Nos sentamos a participar juntos de esa ceremonia de fumar. Entre chupada y chupada, el viejo Antonio va hilando la historia:
"El león es fuerte porque los otros animales son débiles. El león come la carne de otros porque los otros se dejan comer. El león no mata con las garras ni con los colmillos. El león mata mirando. Primero se acerca despacio, en silencio porque tiene nubes en las patas y le matan el ruido. Después salta y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que tira más que por la fuerza, por la sorpresa.
Después se le queda viendo. La mira, a su presa. Así... (el viejo Antonio arruga el entrecejo y me clava los ojos negros). El pobre animalito que va a morir si se queda viendo nomás, mira al león que lo mira. El animalito ya no se ve él mismo, mira lo que el león mira, mira la imagen del animalito en la mirada del león, mira que, en su mirarlo del león, es pequeño y débil. El animalito ni se pensaba si es pequeño y débil, era pues un animalito, ni grande ni pequeño, ni fuerte ni débil.
Pero ahora mira en el mirarlo del león, mira el miedo. Y, mirando que lo miran, el animalito se convence, el sólo, de que es pequeño y débil. Y, en el miedo que mira que lo mira el león, tiene miedo. Y entonces el animalito ya no mira nada, se le entumen los huesos así como cuando nos agarra el agua en la montaña, en la noche, en el frío. Y entonces el animalito se rinde así nomás, se deja, y el león se lo zampa sin pena. Así mata el león. Mata mirando.
Pero hay un animalito que no hace así, que cuando lo topa el león no le hace caso y se sigue como si nada. Y si el león lo manotea, el contesta con un zarpazo de sus manitas, que son chiquitas pero duele la sangre que sacan. Y este animalito no se deja del león porque no mira que lo miran... es ciego. Topos, les dicen a esos animalitos".
Parece que el viejo Antonio acabó de hablar. Yo aventuro un "si, pero...". El viejo Antonio no me deja continuar, sigue contando la historia mientras se forja otro cigarrillo. Lo hace lentamente, volteando a verme cada tanto para ver si estoy poniendo atención.
"El topo se queda ciego porque, en lugar de ver hacia fuera, se puso a mirarse el corazón, se trincó en mirar para adentro. Y nadie sabe porque llega a la cabeza del topo eso de mirarse para adentro. Y ahí esta de necio el topo en mirarse el corazón y entonces no se preocupa de fuertes o débiles, de grandes o pequeños, porque el corazón es el corazón y no se mide como se miden las cosas y los animales. Y eso de mirarse para adentro sólo lo podían hacer los dioses y entonces los dioses castigaron al topo y ya no lo dejaron mirar pa’fuera y además lo condenaron a vivir y caminar bajo la tierra. Y por eso el topo vive debajo de la tierra porque lo castigaron los dioses. Y el topo ni pena tuvo porque siguió mirándose para adentro. Y por eso el topo no le tiene miedo al león. Y tampoco le tiene miedo al hombre que sabe mirarse al corazón.
"Porque el hombre que sabe mirarse el corazón no ve la fuerza del león, ve la fuerza de su corazón y entonces mira al león y el león lo mira que lo mira al hombre y el león mira, en el mirarlo del hombre que es sólo un león y el león se mira que lo miran y tiene miedo y se corre" ¿Y usted se miró el corazón para matar a este león?. Interrumpo. El contesta, ¿Yo? No hombre, yo mire la puntería de la chimba y el ojo del león... y ahí nomás dispare... del corazón ni me acorde..."Yo me rasco la cabeza como según aprendí, hacen aquí cada que no entienden algo.
El viejo Antonio se incorpora lentamente, toma la piel y la examina con detenimiento. Después la enrolla y me la entrega "Toma, me dice, te la regalo para que nunca te olvides que al león y al miedo se les mata sabiendo a dónde mirar..." El viejo Antonio da la media vuelta y se mete a su champa. En el lenguaje del viejo Antonio eso quiere decir: "Ya acabe, Adiós". Yo metí en una bolsa de nylon la piel del león y me fui.

martes, 10 de octubre de 2017

¿Quién soy?

“Ser uno mismo no es solamente un fenómeno de reflexión filosófica sino que, desde siempre y ante todo, es ser alguien que, en el entretejido de una vida real y concreta, edifica su identidad a partir del reconocimiento del Otro, de los otros y de lo otro, que de alguna manera lo constituyen: semejante a un artista que edifica su obra en el quehacer de la temporalidad cotidiana.” (Paul Ricoeur: La poética del sí-mismo, Marie-France Begué)

La noción de identidad es algo que atraviesa a todas las personas. Todos en algún momento de nuestras vidas nos preguntamos a nosotros mismos, ¿quién soy? ¿A quién nombro cuando me nombro a mí mismo?
Desde la filosofía, cuando definimos la identidad decimos que es aquello que hace que un ente sea lo que es, y no otra cosa. Es decir, ¿qué es lo qué me hace ser quién soy y no otra persona? Ese “algo” indefinido que me hace ser quién soy, ¿es algo permanente e inmutable, que se mantiene siempre igual a través del tiempo? ¿O es la identidad, más bien, un continuo cambio que no nos brinda posibilidad alguna de establecernos como entes fijos?
Si aceptamos, con Heráclito, que “uno no se baña dos veces en un mismo río”, estamos asumiendo la idea de que no hay nada en nosotros mismos que nos lleve a afirmar que somos, sino que estamos siendo en un constante flujo de identidades, que no hay nada estable en cada uno de nosotros, sino que somos en constante cambio: a cada momento vamos siendo otro.
De ser así, podemos preguntarnos: ¿será cuestión de que cada uno elija la identidad que quiere? Si puedo ser otro todo el tiempo, ¿puedo elegir quién ser?
El gran dilema que esto nos plantea es que en la sociedad actual si no sabemos quiénes somos, no elegimos quién ser, nos eligen. Y nos eligen desde los distintos poderes hegemónicos, nos dicen qué consumir, qué hacer, qué pensar, a quién admirar. Nos van eligiendo, nos van diciendo quiénes ser.
Entonces, ¿soy lo que quiero ser o soy lo que otros necesitan que yo sea?

Para comenzar a delinear una idea de lo que representa la identidad, debemos entonces tener en cuenta, en primer lugar, que hay ciertos aspectos de nuestras vidas sobre los que no somos capaces de influir. Hay ciertas condiciones históricas, culturales, sociales, con las que nacemos. Estamos insertos en un espacio-tiempo, en un aquí y ahora que conforma nuestro entorno personal y que delimita en ciertos aspectos nuestra propia identidad.
Pero, sobre esa base, podemos pensar la identidad como una narración. El "yo" de cada persona es una narración, que se va construyendo en una interacción dialógica entre lo que decimos acerca de nosotros mismos y lo que el otro dice acerca de mí. Porque ese otro me permite romper las barreras de una identidad solipsista y abrirme al cambio, y porque, así, yo soy en el otro, tanto como el otro es en mí.
Es decir que me construyo no solo desde mi propia mirada sobre mí mismo, sino también sobre la mirada que el otro imprime en mí. Pero no como algo fijo y estanco, sino como una rueda en continuo movimiento y en interacciones reciprocas.
Y cabe mencionar que cuando decimos "identidad" no nos referimos únicamente a personas individuales, sino que también hablamos de colectivos de personas.
En este sentido, y pensando en el este caso particular de nuestro país, podemos pensar: ¿de qué modo se ha construido la identidad del colectivo nacional? O más bien, ¿de qué modo se ha construido el relato nacional acerca de la identidad?
Estas preguntas cobran una relevancia aun mayor si las pensamos en el marco de lo que fue la última dictadura cívico-militar, donde la desaparición forzada de personas y el robo de la identidad a cientos de bebés fue moneda corriente.
¿Somos, como nación, lo que queremos ser? ¿O somos lo que nos vienen diciendo (imponiendo) desde hace más de 35 años que seamos? ¿Qué narraciones se han construido en torno a las identidades que nos faltan a todos?
De lo que se trata es de intentar brindarle al otro la posibilidad de retomar el relato trunco de su propia vida, de recuperar la verdadera narración y temporalidad de su identidad, de su vida, ni más ni menos.
Si yo no puedo nombrarme a mí mismo, porque desconozco mi propio relato, solo cuando el otro me nombra en mi verdadero yo, puedo verme a mí mismo despojado de aquellas falsedades que cubrían mi relato sobre mí, y nombrarme como un ser verdadero.
Cuando veo a una rosa, y no la llamo por su nombre, no es más que una flor cualquiera. Pero al decir "esto es una rosa", estoy nombrándola, devolviéndole su ser, y con él todo lo que acompaña a la rosa: su perfume, su tersura, su color.
Hay muchas personas esperando ser nombradas para recuperar su identidad. Y como sociedad debemos aportar en lo que podamos para que puedan hacerlo. Por dos razones fundamentales. En primer lugar porque hay en la identidad colectiva un gran agujero existencial, un vacío que aún no hemos logrado llenar, y que nos impide construir una verdadera identidad nacional. Y en segundo lugar, porque si el otro no es, si no conoce su identidad, entonces yo tampoco soy, porque mi identidad también se construye en y junto con la de ese otro a la que sistemáticamente se la han negado.


Un gran pensador del siglo XX, Jean Paul Sartre, dijo: “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. Elijamos quienes ser, desde lo que han hecho de nosotros. Elijamos el país que queremos ser, recuperando la identidad de aquellos que hasta hoy nos faltan, porque han hecho que nos falten.

domingo, 1 de octubre de 2017

Domingo


Vivimos en un mundo lleno de mentiras, egoismos, engaños y mezquindades. Vivimos en una sociedad que nos señala, nos juzga, nos censura, nos critica. Nuestras construcciones, pensamientos y emociones estan encerrados en una gran jaula que llamamos normalidad. ¿Cuántas veces aparentamos, fingimos, actuamos un papel, con el fin de formar parte de esa jaula? ¿Cuántas veces hacemos cosas que realmente no queremos hacer?
Podemos rellenar nuestras vidas
                   con cosas,
                   con ideas,
                   con personas.
Podemos intentar tapar el vacío
                   recubrirlo,
                   ocultarlo,
                   negarlo.
En el fondo sólo somos pateticos payasos, viviendo y actuando en el circo social, haciendo las piruetas y las gracias que nos exigen, riendo y hablando como si creyeramos que eso es real.
Pero en el fondo, más en lo profundo, sabemos que preferimos el circo a enfrentarnos a la aterradora posibilidad de asumir que estamos completamente solos.

martes, 19 de septiembre de 2017

Teotihuacán

Fragmentos de historias que el tiempo nos relata, se plasman y se sienten en cada piedra, en cada pared. Vidas encerradas en otras vidas, interpretadas por personas anacrónicas que pretenden conocer lo ancestral. Cada rincón nos habla del lugar que fue, de la maravilla que ya nunca será. Nos habla de personas de carne y hueso, que transitaban esos muros en sus trayectorias cotidianas.
¿Qué secretos esconderá esta pared? ¿Qué conversaciones encerrará esta casa? ¿Quién se habrá enamorado en estas calles? ¿Con qué gestos se saludarían dos conocidos en estas escaleras? ¿Cuántos habrán nacido? ¿Cuántos habrán muerto? ¿Cómo habrán defendido a su pueblo de la invasión y el saqueo de los colonizadores?
Las historias que el tiempo nos cuenta son memoria y energía.


martes, 29 de agosto de 2017

Esa noche

Esa noche las estrellas brillaban increíblemente hermosas y el mar nos regalaba una leve brisa que se sentía suave y fresca en aquel balcón. Hablamos, y hablamos, y hablamos. De cosas tan profundas y tan superficiales, de la vida, de la sociedad, de la política. Nunca hablamos de amor. Nos sentamos y me abrazaste, y encontré en el hueco de tu hombro mi lugar en el mundo.

“Podría quedarme a dormir, ya es tarde para volver”. (Si supieras, pensé, qué tarde es para volver). 

miércoles, 19 de abril de 2017

20/04/2017

El sublime roce 
de tus labios.
La piel erizada.
La blandura
de tus manos
líquidas.
Y mi boca,
que se deshace
entre beso y beso.
Cálido encuentro
fugaz y ansiado.
Y vuelvo 
luego
despacio
a mi muerte
cotidiana.

sábado, 8 de abril de 2017

08/04/2017

Me despierto con la noticia de Micaela y pienso, ¿cuánta violencia somos capaces de soportar? Lamentablemente, no me asombra la noticia, no me asombra su muerte. Es la naturalización de lo atroz y las absurdas frases hechas ("que mal está el mundo", "adónde vamos a parar"). Y sin embargo, pienso, el mundo se mueve, pero también es movido: vamos exactamente a dónde nos estamos llevando. Y es que resulta que las violencias son el síntoma de una sociedad que no puede construir otras formas de vincularse, de personas que construyen modos enfermos de pensarse con otros. ¿Y cómo podría ser de otra manera, si en la cotidianeidad no podemos despegarnos de muchos modos sutiles de ser violentos con quienes nos rodean? ¿Cómo pensarnos diferente cuando hay muchos otros que no dan entidad a tu palabra? Los mecanismos sociales son perversas armas psicológicas: sentimos culpa cuando nos humillan, sentimos vergüenza cuando nos atropellan, sentimos tristeza cuando nos abusan, sentimos bronca hacia nosotros mismos cuando nos niegan la palabra. Y la realidad es que lo verdaderamente culpable, vergonzoso y triste es humillar, atropellar, abusar y negar la palabra. ¿Cuántas veces hemos estado en ese lugar? ¿Cuántas veces nos han ido matando despacio, en cada pequeño abuso? ¿Cuántas veces hemos sido despojadas de nuestras decisiones, porque decimos NO pero hay quien interpreta que "queremos decir si"? Los atropellos cotidianos, los afectos enfermizos, los modos violentos de tratarnos entre nosotras/os, la imposibilidad de construirnos, la mirada amenazante y la mirada temerosa, la negación a asumir que el otro es un OTRO, la fundición de deseos negadora de disidencias, las pequeñas invasiones del día a día... Todo eso, nos mata a todas. Y todo eso, también mató a Micaela.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Murallas

Extraño ser. Tan otro, tan lejano. Sos como un misterio que me atrae, pero que no quiero descifrar.
Tu mirada, penetrante e indiferente forma una muralla a tu alrededor... ¡Tantos se estrellaron, intentando derribarla a puños y espadazos!
Y yo... Yo te quiero completo, con tus ojos y tus murallas. Me acerco a ellas, las observo, las admiro y las abrazo.
Y cuando entre abrazos se te escapa algún que otro ladrillo, soy tan afortunada al espiar en tu interior...
Pero los ladrillos no tardan en volver a su lugar. Y yo me alejo de a poco, para volver a mirarte de lejos. Con tus ojos y tus murallas. Tan otro, tan lejano, tan hermoso.

sábado, 13 de septiembre de 2014

La tormenta

Caía la noche y las gotas resbalaban invisibles por las ventanas. Apuró el paso en aquel pasillo, que se iba oscureciendo junto con el día. Los muros le parecían cerrarse tras de sí. Cerró fuertemente la puerta de la habitación, y el sonido retumbo en sus oídos. Suspiró, aliviada. Encontraba algo reconfortante, tranquilizador en la soledad de ese cuarto. 
Afuera se desataba una tormenta. Adentro suyo, también.


lunes, 30 de diciembre de 2013

Hannah Arendt

El presente trabajo es una investigación que trata de profundizar en ciertos aspectos del pensamiento de la filósofa alemana Hannah Arendt, haciendo especial hincapié en sus conceptualizaciones éticas y, más específicamente, en la noción de acción.
Para comenzar a introducirnos en la investigación, considero esencial decir algunas palabras acerca de la vida de la autora que vamos a abordar.
Hannah Arendt nace en 1906, en Hannover, en la actual Alemania. Estudia filosofía, teología y griego, teniendo como maestros a reconocidos filósofos del siglo XX tales como Heidegger, Husserl y Jaspers. Por su condición de judía, debe escaparse del régimen nacionalsocialista alemán refugiándose primero en Francia y luego en los Estados Unidos. Entre sus obras más destacadas se cuentan “Los orígenes del totalitarismo” (1951), “La condición humana” (1958), “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal” (1961), “Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política” (1961), “Sobre la revolución” (1963), “Sobre la violencia” (1970). Arendt muere en 1974, quedando inconclusa una obra a la que iba a denominar “La vida del espíritu” o “Vita contemplativa”.
Si bien sabemos que lo central en toda la obra de Arendt es el ámbito de lo político, como puede verse también en los títulos de sus obras principales, nuestro propósito es intentar indagar en un aspecto diferente del pensamiento de la filosofa, para intentar rescatar las nociones éticas que plantea. Pero estas cuestiones deberemos analizarlas en el marco de su filosofía política y de sus estudios antropológicos, puesto que las relaciones éticas que se dan entre los hombres guardan una importante relación con los asuntos políticos por un lado, y con la concepción de ser humano desde la que se parte, por el otro.
De las concepciones éticas de la filósofa, lo que nos interesa particularmente abordar (por su vertebralidad en la filosofía de Arendt) es el concepto de acción.
Para encuadrarlo dentro del marco general de su filosofía, cabe destacar que la acción puede pensarse como la actividad central de la experiencia humana. Se enmarca dentro de lo que la autora llama vita activa, en oposición a la vita contemplativa (que apunta a las operaciones del espíritu). La vita activa consta de tres actividades generales: la labor, el trabajo y la acción. La primera refiere a las actividades de satisfacción de las necesidades propias del ciclo vital. La segunda se funda en la capacidad humana de hacer, fabricar o producir, permite construir objetos de uso para aliviar el dolor y la molestia del laborar y para, a su vez, darle al un mundo un carácter duradero. Y la tercera (la acción) refiere a la capacidad del hombre de comenzar algo nuevo, de poner algo en movimiento por propia iniciativa.
A lo largo del trabajo, plantearemos un recorrido que tiene como punto de partida lo antes mencionado en torno a la acción, y que se encuadra dentro del contexto epocal de la autora.
En el primer capítulo, abordaremos la acción en relación con las críticas a la Modernidad y a los gobiernos totalitarios que plantea Arendt, pensando en relación a esto la violencia y la idea de la banalidad del mal.
En el segundo capítulo, plantearemos un posible cruce entre las nociones éticas de Arendt y las kantianas, retomando la clásica distinción entre éticas materiales y formales. Allí buscaremos las divergencias, pero considerando también algunos posibles puntos convergentes.

Y en el tercer capítulo, retomaremos lo abordado en las secciones anteriores para proponer una integración crítica, que culmine con algunas conclusiones personales que hemos podido extraer en el desarrollo de la investigación.

Para leer el trabajo completo: 
https://www.dropbox.com/s/vziln1rupacovfw/Entrega%20final.docx?dl=0

(Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación por cualquier medio o soporte, sin el consentimiento expreso de su autora)

lunes, 25 de noviembre de 2013

Reflexiones sobre los actos escolares.

Los rituales escolares no son cualquier actividad que se rutiniza, sino que son acciones que están cargadas de un sentido, y que representan una experiencia colectiva. Tienen una condición característica, que es la de generar emociones, porque implican a los cuerpos, las palabras y la música de una manera especial. Si los rituales pierden eficacia, se convierten en algo que se hace mecánicamente sin ninguna emoción, significa que hay algo que está fallando, ya sea en la forma o en el contenido de esos rituales.
Los actos en particular representan a una determinada forma del ritual escolar marcado por el calendario de las efemérides. Los actos son de las pocas oportunidades en que los estudiantes de cursos diferentes comparten una actividad, y en ellos hay una representación de la escuela ante sí misma. Pero al mismo tiempo, muestran a las escuelas en conexión con una comunidad más amplia: la nación, la comunidad, incluso la humanidad.
En esta doble característica de los actos, la de ser una representación interna a la comunidad escolar al tiempo que una construcción de identidades y vínculos con colectividades más amplias, se encuentra el origen de varias tensiones que se fueron resolviendo de manera diversa a lo largo de la historia. Así como también fue cambiando, y mucho, el contenido de las identidades colectivas que se buscaron promover.
En este punto nos parece necesario reflexionar y preguntarnos acerca de dos conceptos que, a nuestro entender, resultan clave para pensar las tensiones en torno a la construcción y significación de los actos escolares a lo largo de la historia: la idea de representación y de identidad. Estos dos conceptos pueden servir para explicarnos qué entramados políticos, ideológicos y culturales se presentan cada vez que lo común se re-presenta en un acto escolar.
¿Y cómo se relacionan la representación y la identidad?
Tenemos, por un lado, un conjunto de elementos o soportes que se usan para representar las ideas, los que puestos en acto o en circulación otorgan sentidos y valores. Y a su vez, estos valores establecen inclusiones y exclusiones, taxonomías y jerarquías.
Estos elementos o soportes, que van desde narraciones, bailes, símbolos, músicas, hasta decoraciones y disfraces, son portadores de sentido y representación, llevan a la escena un sentido de la historia y de lo que se entiende por lo común. Son significantes densos en los que se anudan historias y proyectos.
Un emblema o significante, como lo es, por ejemplo, la bandera -que en tanto tela no tiene ningún sentido- representa algo, que en este caso podría ser la Patria. Esta representación es el producto de un trabajo, que es precisamente el “trabajo de representación”. Porque es un trabajo que hay que hacer para que algo signifique un concepto: una tela con dos colores representa o significa una idea, la Nación.
Ahora bien, parecería que la bandera que significa la Nación es algo natural, dado, y no una construcción. Parecería que no ha surgido de un arduo trabajo de representación, en el que se hace significar a la tela algo que ella no contiene.
Quizás todo esto pueda parecer un juego de palabras, y en cierto sentido es así. Veamos: la bandera representa la Nación, la Nación representa a una comunidad con historias y vivencias en común o compartidas. Pero: ¿qué es lo común que la bandera representa?
Podemos responder a esto que eso en común no viene con la bandera de una vez y para siempre, sino que cada vez se actualiza y se re-presenta. Que cada acto, o re-presentación es trabajar de nuevo por dar un sentido a la Nación, por explicar lo que es y preguntar si en todo caso lo común que vendría con ella no se irá cuando “se retire la bandera de ceremonia”.
Porque la Nación como algo que nos une o nos hermana es solo uno de los sentidos puestos en la bandera, construido por exclusión de otros, por selección de ciertos parámetros de definición de lo común. Es algo común que no dice nada, si no se lo remite a procesos y sujetos concretos, a problemáticas de exclusión material y simbólica, que a la vez que afirma, borra diferencias de clase, género, edad, sexualidad, etcétera.
Así, entonces habría un trabajo por re-presentar en un acto escolar, que supondría un revisar los sentidos que se anudan a los símbolos como si fueran algo que se da naturalmente y no como disputas de sentido cargadas de cuestiones políticas y sociales.
No hay nada natural ni esencial ni en la bandera ni en la patria. La identidad nacional es una permanente, inacabada, pospuesta ilusión, que no por ilusoria es menos real. Qué sea esa identidad no es una pregunta por su esencia o por su naturaleza, como si hubiera algo inmanente y trascendente, sino una pregunta por cómo la simple enunciación de esa identidad es una estrategia de poder: a quiénes sirve hablar hoy de una identidad nacional, para qué se lo dice, desde dónde, qué se quiere lograr.
¿Qué es la argentinidad sino un conjunto de discursos en disputa, una contienda de sentidos y proyectos? Esto es lo que podría representarse en un acto para no acomodar a los espectadores a una versión inocente o ingenua de la nacionalidad. Con seguridad que los aprendizajes serían otros, y que el acto escolar sería una apuesta pedagógica, que en el mejor de los casos nos serviría para cuestionar lo ya dicho, lo naturalizado.

Creemos que, como futuros trabajadores de la educación, que indefectiblemente nos vamos a encontrar con el desafío de organizar varios actos escolares a lo largo de nuestro trabajo en las escuelas, deberíamos poner quizá más energías en buscar creativamente cómo representar escenas que movilicen, que conmuevan, que interesen y que hagan pensar en qué nos une como comunidad. Pueden ser alegres o serios, dependiendo de la ocasión. Pero lo deseable es que no sean banales, vacíos de sentido, y que, en tanto rituales, no pierdan jamás la capacidad de conmover.

jueves, 15 de agosto de 2013

Noche

Sentada como cada viernes en las profundidades de aquel oscuro pub del centro de la ciudad, miré a mi alrededor como buscando en las caras de la gente algún mensaje, alguna respuesta para al menos uno de mis tantos interrogantes.
Siempre me gustó jugar un poco con las caras. Algunas muestran tanto de la historia de la persona y otras parecen como una gran muralla, un caparazón que busca esconder lo más posible. Estos últimos eran los que más llamaban mi atención. Quizá porque siempre me gustaron los acertijos, o tal vez porque son útiles a mi extraño masoquismo de inventarme a las personas como mis instintos me dicen que son (o mejor dicho, como a mi me gustaría que fueran), para darme cuenta (tarde, siempre tarde) que en realidad no todo es como a mi me parece.
Ese viernes en particular busqué entretenerme inventando posibles vidas, imaginando mundos posibles para alguna que otra de las personas que se encontraban en lugar. Y aunque era evidente que a muchos de ellos les molestaban mis miradas inquisidoras, eso ya no me importaba. 
Tomando los restos de mi quinto vaso de cerveza prendí un cigarrillo. Disfrutaba del exquisito placer de sentir que me iba matando lentamente.
En ese momento mis ojos cayeron sobre una chica que estaba sentada entre un grupo de jóvenes. Llamó mi atención su mirada, que parecía como perdida en las lejanías de algún remoto pensamiento que ni el más adiestrado adivino sería capas de deducir. La imagine pensando en extraños amores, en besos de Judas, en eróticas imágenes. Y me dije a mi misma que ni el mas entrenado de los militares sería capas de hacer hablar a aquella joven acerca de sus pensamientos.
Note que algunos de su grupo le hablaban y ella sonreía, charlaba… Los boludeaba, pensé. Ella era del tipo de los caparazones. No, más bien de las corazas, de los puentes levadizos que solo se abren a quien ella autoriza.
La imagine como reina de un gran castillo y también como una puta de los boulevares parisinos. Como estrella que iluminaba una pequeña, ínfima, parte del universo, y también como una guerrillera desapareciendo entre las aguas del mar argentino.
Y se me ocurrió pensar que, fuera lo que fuera, era innegable que su presencia no pasaba desapercibida. Es que hay personas con presencias que modifican un ambiente.  Unas hacen que todo parezca muy intenso, y otras apagan los lugares. Las personas somos como especies de químicos. Cierta persona con cierta persona resultan una cosa, y la misma con otra resultan una combinación diferente.
Hay transferencias en el aire que son más intensas (mucho más intensas) que el lenguaje. Algo así como una simbiosis media extraña. Como si cada persona tuviera receptores diferentes para los mensajes que el otro quiere mandarnos (porque es evidente que siempre estamos mandando mensajes), como un texto sin puntos ni comas en el que cada lector puede organizar las palabras de acuerdo a lo que quiera leer.  Como si el aire fuera un medio que comunica instintos, sentimientos, pasiones.
Aunque, me dije, lo más probable es que mi mente me esté fallando a estas alturas de la noche y con más de dos cervezas en el cuerpo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

¿Hay algo más que aclarar?

Regalo para un primer cumpleaños . 
Ismael Serrano . 


Creerás que el tiempo pasa rápido,
que el buen recuerdo puede doler,
pero has venido a recordarnos
que no es tan malo crecer.

Verás que hay días con espinas
y que puede doler vivir,
pero recuerda que cada día
el mundo amanece en ti.

Vendrá el futuro a verte cualquiera de estos días.
Y tendrás en las manos lo que nunca tuvimos:
la esperanza de un mundo con los mares azules,
sin fieros huracanes o desbordados ríos.

No habrá hombres que mueran sin panes ni milagros.
Y en la pared de enfrente leerás que alguien ha escrito
un saludo de paz, un buenos días, un pájaro
con las alas abiertas para volar sin tino.

Cuando las sombras se alarguen
y te toquen con sus manos
recuerda que siempre hay alguien,
alguien que te anda buscando
para pintar el futuro, 

ya ves, alguien como tú
con quien compartir el vuelo
y emborracharte de luz.

Vendrá el presente a verte con hambre de futuro,
ese mañana incierto que algún día intuimos
que tú harás cercano, más humano y abierto,
más real, más igual, más justo y más limpio.

Será obligatorio escribir poesía
y la palabra amor, como si fuera vino,
tendremos que beberla obligatoriamente
con cada trozo de pan partido y compartido.

Quise escribirte una canción
para enseñarte a vivir,
eres un recién llegado
y yo ya soy tu aprendiz.

jueves, 27 de enero de 2011

Utopía .

Me encantaría que no existiera ninguna forma de capitalismo en el mundo, aunque lamento que seamos tan pocos los idealistas que creemos que una sociedad mejor puede lograrse sin el dinero. Es que tanto tiempo hemos estado a la sombra del capitalismo que pensar un mundo sin él resulta casi imposible para la gran mayoría. Y lo que es aún peor, pertenecemos a la generación del "capitalismo liberal" que promueve la competencia salvaje en pos del "desarrollo". 
En la actualidad la situación va empeorando cada vez más, en Argentina no sólo nos vanagloriamos de ser un país "en desarrollo" sino de tener 26 años de democracia. Una falacia atrás de la otra. 
Nunca vamos a ser un país "desarrollado" mientras sigan existiendo las "potencias" estadounidenses y de los países de la Unión europea. 
Y nunca vamos a tener una democracia plena si está asociada al sistema de producción capitalista, y menos todavía si es en el sistema neoliberal o postsocial. ¿Porqué? Por el simple hecho de que sus principios son totalmente contradictorios: solidaridad vs. competencia, "poder del pueblo" vs poder de los "más aptos" económicamente, y la lista sigue.
Hoy en día pedimos más seguridad. Pero, ¿cómo lograr frenar la inseguridad en un mundo donde más de la mitad esta excluida?
Una vez escuche decir una frase que me quedo muy gravada: "Mientras halla exclusión, va a haber violencia". Y no veo otra manera de frenar las grandes olas delictivas que esta: terminar con la exclusión social, con la marginación, con la pobreza, con las condiciones de vida que hacen pensar que cientos de miles de personas no son personas.
Yo suelo imaginarme en esta situación: ir caminando por una ciudad vacía, preguntándome dónde estarán los ciudadanos, cuando de repente veo una vidriera en donde están todos, los de acá y los de allá, y los de todo el pueblo. Dentro de ese lugar veo que hay luces, música, comida, ropa; como si fuera una fiesta. Y yo afuera, solo, desnudo, con hambre... ¿Cuál va a ser mi reacción? Mi instinto natural me va a forzar a romper esa vidriera e intentar entrar en la fiesta. Y ahí esta, justamente, la violencia. 
Han notado que dije "instinto natural" y "reacción", no fueron términos al azar. Porque si a eso, que sería lo A PRIORI, le sumamos una vida de exclusión mirando esas ventanas, una educación en manos de personas que igualmente han pasado su vida mirando el mundo a través de esos cristales, y peor aún, un mundo exterior que me dice que es precisamente a ése lugar, al afuera, al cual yo pertenezco, no veo el modo en que no se produzca el grado violencia y de inseguridad que padecemos en la actualidad. 
Y les recuerdo, al pasar, que los que disfrutan de la fiesta no somos nosotros, la clase media (ni la "media-baja", ni la "media-alta"). Nosotros somos apenas los que sirven las comidas y las bebidas, que de tanto en tanto nos robamos un bocado o un sorbo, o nos lo tiran al piso para que comamos, al gran estilo de los señores de la Edad Media con sus siervos. 
Este es el fiel retrato del capitalismo actual. Nos pintan como "progreso" lo que en realidad es un gran retroceso. Idolatran la ciencia que estudia lo natural, cuando por detrás están deforestando los bosques y contaminando al planeta.
Y se preguntarán quizá a quién me refiero cuando hablo en tercera persona. 
Hablo de las grandes potencias económicas, de los grandes poseedores de dinero, de los ricos, de los adinerados. Ellos, que con sus discursos populistas nos convencen de ser lo que ellos quieren que seamos, que nos adoctrinan en sus instituciones de poder, a la gran manera faucoltiana. 
¿Y porqué? Por aquel segundo sentimiento que mueve al mundo después del amor: el miedo. Miedo a que los 5 mil millones de personas del mundo que no somos los que comemos la torta de la fiesta ni soplamos las velitas, nos levantemos en contra de aquellas mil millones que sí lo hacen. Y si eso ocurre, si acaso el sueño de los pocos idealistas que pensamos que eso puede llegar a ocurrir un día efectivamente se cumple, entonces podremos lograr terminar con el capitalismo empresarial de unos pocos, y generar un nuevo sistema en el que no haya una sola persona que mire la fiesta desde afuera. 

domingo, 5 de septiembre de 2010

Pedagogía del Oprimido, Paulo Freire.

“Si no amo el mundo, si no amo la vida, si no amo a los hombres, no me es posible el diálogo. […]
¿Cómo puedo dialogar, si alieno la ignorancia, esto es, si la veo siempre en el otro, nunca en mí?
¿Cómo puedo dialogar, si me admito como un hombre diferente, virtuoso por herencia, frente a los otros, meros objetos en quienes no reconozco otros “yo”?
¿Cómo puedo dialogar, si me siento participante de un “ghetto” de hombres puros, dueños de la verdad y del saber, para quienes todos los que estan fuera son “esa gente” o son “nativos inferiores”?
¿Cómo puedo dialogar, si parto de que la pronunciación del mundo es tarea de hombres selectos y que la presencia de las masas en la historia es síontoma de su deterioro, el cual debo evitar?
¿Cómo puedo dialogar, si me cierro a la contribución de los otros, la cual jamás reconozco y hasta me siento ofendido con ella?
¿Cómo puedo dialogar, si temo la superación y si, sólo pensar en ella, sufro y desfallezco?
La auto-suficiencia es incompatible con el diálogo.”


Genial video sobre el autor, Paulo Freire. Recomendable para verlo.


viernes, 3 de septiembre de 2010

Ya quisiera yo

Ya quisiera yo ser librepensador,
no oír el rugir de tripas de tantos, ni su llanto, ni su dolor,
establecerme correcto, filósofo, neutral, independiente,
manejarme bien con toda la gente.

Ya me gustaría a mí alinearme con los no violentos,
regalar flores, descalzo, arrancadas de algún tiesto,
sin tener que poner la otra mejilla para nadie,
a no ser amenazado por ningún indeseable.

El caso es que me afectan las cotidianas tristezas, 
la de los supermercados, la del metro y las aceras,
también las que me quedan lejos,
las de los secos desiertos, las de las verdes selvas.

El caso es que me parecen buena gente,
algunos luchadores del ocaso, 

que se parten el pecho por ser escuchados,
que morirán en alguna esquina, tiroteados.

Quisiera ser más listo, pasar de largo,
saberme libre de culpa y limpio de pecado,
y ser alma caritativa, Maria Goretti o santa,
sufrir sólo un poquito, sólo lo que Dios manda.

No entender de política, ni de sus actualidades,
convencerme que es red de araña, nido de alacranes,
y mutilar mi alma y mi esencia de animal social, 
saberme superior a tanta frivolidad.

El caso es que me afectan demasiado,
la tristeza de los suburbios, el drama urbano,
saber que seremos caníbales dentro de poco
y que no habrá carne suficiente para todos.

El caso es que me afecta, quizá más de lo normal,
tener tanto miedo al cruzar mi portal,
ver que arde mi ciudad o que sangra el asfalto.
Quizá debería ver menos el telediario.

Quisiera ser más listo, adoptar bien la pose,
librarme de etiquetas, hasta la de hombre, 
y entender que sólo yo me entiendo
y que no me entiende nadie, 

ser un buen ciudadano formal y respetable.

Omitir de mis canciones
palabras como: compañero, obrero,
justicia, guerrilla, paz, hambre o miedo, 

y hablar del amor, de cosas bonitas, de mis recuerdos,
contar alguna anécdota graciosa
de cuando era quinceañero.

El caso es que me afectan las cotidianas tristezas,
la de los supermercados, la del metro y las aceras,
también las que me quedan lejos,
las de los secos desiertos, las de las verdes selvas.

El caso es que me parecen buena gente,
algunos luchadores del ocaso,
que se parten el pecho por ser escuchados,
que morirán en alguna esquina, tiroteados.

Ismael Serrano.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Evita

"El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros sí. Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol. Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros. Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!" Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?"

Mi mensaje, Eva Duarte de Peron

lunes, 30 de agosto de 2010

Algunas reflexiones personales sobre Paulo Freire

La pedagogía de Paulo Freire constituye el núcleo esencial de las teorías críticas en Latinoamérica. Los aportes que me ha brindado (y, espero, siga haciendo) son muchos y variados.
El simple hecho de que sea una pedagogía latinoamericana ya me permite pensar una educación desde una pertenencia geográfica y una cercanía histórica. Es decir, las aproximaciones entre los países de America Latina, sus parecidos (principalmente en cuanto a las historias de opresión), hace que sienta que Freire me habla desde un lugar que es mío también, desde una historia de la que también soy parte, y me habla de un cambio del que yo también soy protagonista, de una tarea que es también mía. Y esta tarea consiste justamente en ocupar un rol docente transformador, critico, que no sea un mero reproductor de “pedagogías bancarias”, sino un verdadero mediador, capas de darles la palabra a los oprimidos.
Freire le otorga una gran importancia a este hecho de darles voz a los oprimidos porque son justamente ellos quienes, mediante la palabra, tienen que hacerse concientes de su propia situación de opresión.
“Cuando Dios dijo: ‘Darás nombre a las cosas’, él dijo ‘transformarás el mundo para que puedas dar nombre a las cosas’.” Puede verse en esta cita claramente el papel de la palabra a la hora de nombrar el mundo. Nombrando las cosas las transformo, las resignifico, las rehago. Es en este sentido que Freire propone darle la palabra al oprimido, para que pueda emprender el camino para su emancipación transformando el mundo por medio de la palabra, saliendo de la “cultura del silencio” en el que se hallaba sumido debido a la misma situación opresiva.


Siguiendo a Freire, podemos proponer una estrategia pedagógica que tenga en cuenta el sentido común de los educandos, sus propios intereses e inquietudes. Partir de las mismas vivencias de los estudiantes implica una fuerte carga de significación. Es por esto que debemos tener siempre como punto de partida las experiencias de vida de los educandos, pero no estancarnos ahí. Para que sea realmente conocimiento lo que se está poniendo en juego en la clase debemos fundamentar, analizar, racionalizar, dichas vivencias. Partir de ellas pero para ir más allá, para hacer concientes determinadas situaciones estructurales que no pueden verse desde dimensiones individuales.
Para Freire la educación tiene una estricta finalidad política, que es lograr la liberación de los hombres, tanto a los oprimidos como a los opresores. Partiendo de este punto, considera también que es imposible alcanzar este fin sin que medie la esperanza. “No hay cambio sin sueño, como no hay sueño sin esperanza”. La pedagogía de la esperanza no puede existir sin el amor, sin la alegría de aprender. Solamente podemos enseñar a amar amando. Solo así podemos lograr que en la interacción entre educadores y educandos, en este juego de enseñar y aprender, sea un acto de alegría, de goce, el encontrarse con el conocimiento.
Creo que, hablando en este sentido, la realidad es que los alumnos de hoy no se resisten a la obtención de conocimientos. A lo que ellos se resisten es a determinadas metodologías adoptadas por los docentes, al autoritarismo encubierto, al silenciamiento de sus propias vidas en pos de una “racionalidad superior”.
Seria muy ingenuo pensar que los adolescentes (y que el ser humano en general) no quiera conocer. La intriga es parte de la naturaleza humana. La cuestión pasaría, más bien, por ver qué es lo que interesa a unos y otros conocer, hasta que punto aquello que la sociedad llama “conocimiento” se relaciona con lo que cada uno considera importante para su vida. 
Como dice Freire claramente, “la cuestión es dialógica”, es un ir y venir que se hace presente en el dialogo como reconocimiento del otro.